Nací como un ser de sombra, marcada
por un designio extraño que no cesa de rehacerse.
Como un ser de sombra desde el comienzo cegado,
desde el principio alumbrado y perplejo.
A veces las cosas no se ven con tanta luz,
me lloran los ojos cuando pregunto a la silueta de la nada,
y toda la información que mis retinas recogieron,
como quien acumula basuras en un cuarto diminuto,
se disuelve delante de mis manos antes
de que pueda agarrarla y hacerla mía.
Y a veces, cuando bajo hasta mi ser de sombra,
que siempre está escondido
en un lugar donde el mundo no lastima,
me detengo muy cerca de sus latidos y
le miro a los ojos en la oscuridad,
veo el brillo de una cueva profunda
que huele a mí misma,
y finalmente lo abrazo para no llorar más.
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